
Ayer por la noche asistimos a la vuelta de Gary Moore a los escenarios valencianos, después de 30 años, con lo que aquella última vez yo tenía 5, y Gary era tan joven que aún no se parecía a su abuela.
Con todo, se mantiene en una forma fantástica, ofreciendo todos sus clásicos acompañado por un trio viejuno y, por tanto, con todo el oficio del mundo. Gary no da concesiones, ni a sus músicos, ni a los espectadores, que nos mantuvimos sentados en el Palacio de Congresos (lleno).
Un lugar algo extravagante para un concierto de estas características, no me imagino en ese mismo auditorio a los endocrinos del Congreso Nacional de Diabetes pidiendo a un ponente que repitiese su ponencia sobre suero glucosilado a grito pelado.
Resultaba extraño pues mantenerse sentado como si estuviésemos en el cine o en la ópera, el blues invita a la barra del bar, a humo y a cervecita en la mano.
Como suele suceder en estos eventos, la organización prohibía el empleo de cámaras, móviles , etc. aunque más de la mitad del personal filmó todo el concierto. Esta prohibición no iba con mi teléfono, que, con su gran calidad y definición, consiguió capturar la instantánea que os adjunto, y que da título al post.
Con ese precedente, pude observar el concierto sin el agobio de enfocar, desenfocar, etc.
Ahora, el día 29 me subo otra vez a uno de estos escenarios.